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Porque al final, no puedo resistir estar en un sitio donde sólo puedo orientarme palpando paredes recubiertas con órganos humanos deformes y podridos. Eso fue lo que respondí cuando una masa amorfa habló en un idioma que por alguna razón comprendía; parecía esa frase compuesta por los retorcijones de toda la carne babeante en su interior, tan asquerosa como el mundo donde vivo.

Y es que por algún método de "exterminación" destinado a repeler a toda nuestra raza e ideado por gente que no deseo conocer, los humanos fuimos obligados a transformarnos en algo nuevo. Enterrados pero aún vivos, ellos jugaron con poderes que no debían ser revelados, y desataron el caos sobre la tierra, el que estamos sufriendo justo ahora.

El que vivo yo, particularmente. Es porque yo soy uno de los que ayudaron a supuestamente "destruir" a todo ser vivo en el planeta; ahora me arrepiento no por las personas que he conocido, sino por nuestra amada Tierra que también se ha visto afectada.

Y los animales, que se arrastran ante mí como sucias serpientes hechas de huesos verdosos y músculos negruzcos. Que alguna vez fueron algo hermoso.

Sé que aunque parecen tontos, en el fondo siguen lamentándose por nosotros y por ellos mismos; que en ese cerebro que una escasa capa de piel protege, también nos odian por lo que hemos hecho. Que siguen sintiendo.

¡Pero es así de simple! No puedo evitar darles una patada en cuanto me tocan, pues mi ropa... ya fue infectada y manchada por sangre de otros seres queridos, hace mucho tiempo. Y ahora igualmente.

Sólo me corresponde alimentarme como ellos. Alimentarnos de sus y mis compañeros de toda la vida, que se vuelven pedazos trozados de miseria parecidos al piso. Es ya difícil distinguir de dónde me estoy llevando cosas a la boca, pues la "comida" y lo que recubre el suelo son demasiado similares; quizá sea así, en él yacen restos de otros banquetes...

Como sea, debo seguir viviendo así y por siempre, en este mundo asqueroso.