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ConcepciónEditar

Nació como una existencia sin piernas ni brazos, que no sabía movilizarse por sí misma, pero que ya había comenzado a cultivar sentimientos de aversión hacia el mundo.

La tensión en su brazo derecho se calmó cuando vio la mejilla de su madre palpitar por la bofetada que le había dado; a pesar del silencio incómodo que se había producido entre ambas, Sara, quien seguía impresionada por la fuerza con la que había propinado ese golpe, comenzó a reír maliciosamente. Señaló a la mujer de mediana edad con sorna, mientras esperaba una reacción violenta, pero ella se limitó a mirar apenada hacia el suelo y soltar una lágrima.

Hacía unos momentos, Sara había estado jugando con su hermano al ajedrez en una habitación diferente, tan concentrada como solía ser; de esa forma jugaban ambos, porque se tomaban e serio entre ellos. Pero su madre, quien por fin se había redimido por sus acciones del pasado, la llamó para que disfrutara de la deliciosa cena que había preparado. Entonces, realmente irritada por la interrupción, la chica se dirigió dando pisotones hacia el comedor y dejó completamente marcado el rostro de su madre.

Sara Ludere, la protagonista de este relato, adoraba pasar el rato jugando con su hermano a cualquier cosa que se les ocurriera. Sara no jugaba simplemente por distracción, era más una enfermiza obsesión que la llevaba a participar sólo para ganar; esto le costó los pocos amigos que había logrado con el pasar de los años, en parte por esa nueva adicción, y en parte por el albinismo con el que había nacido. Aun así, las dos personas que conformaban su círculo, su hermano Jake y su mejor amigo Timothy Bell, el cual vivía en una ciudad vecina, nunca se alejaron de ella.

Gracias a su poca colaboración con los psicólogos a la que fue llevada, simplemente fue clasificada como una chica asocial, que no compartía los mismos gustos por la estancia en grupo que los demás, quizá por las torturas que había sufrido con tan sólo trece años. Con el paso del tiempo, descuidó su apariencia hasta el punto de que su piel, originalmente blanca por el albinismo, se había vuelto de un oscuro gris por la suciedad.

El estilo de vida que la chica llevaba era preocupante, no sólo por el insalubre entorno en el que se encontraba todo el día, sino por el creciente rechazo que sentía hacia los demás miembros de la sociedad e incluso hacia su círculo más intimo, cosa que se demostraba con las constantes peleas que tenía con su madre. Su padre, quien había muerto hacía muchos años en la guerra y fue tempranamente reemplazado por un hombre que murió de una forma similar, había sido el único pilar para la familia. Sin embargo, todos ellos, incluida la ingrata Sara, acabaron olvidándolo.

Entre los pocos que la apoyaban completamente en su decisión de apartarse se encontraba Bell, que también tenía dificultades para adecuarse a aquellas limitaciones que las "reglas" le imponían; esto los llevó a encontrarse casualmente cuando asistían a una de las sesiones de los "asistentes", hablar en tono despectivo entre ellos, y posteriormente, volverse amigos mediante extrañas conversaciones. A pesar de las numerosas enfermedades mentales que ambos padecían, pudieron entablar una amistad bastante profunda, y compartir muchas de las pasiones que Sara ya poseía.

Quizá aquellos dos que habían permanecido fieles a la chica fueron los únicos a los que ella apreció durante toda su vida, pese a todos sus problemas; permaneció de esta forma hasta sus dieciocho años, edad en la que ya debería haber conseguido un trabajo al menos. Pero su egoísmo no le permitía pasar más allá de la puerta de su hogar, no le permitía hacer dejar de sufrir a su madre, quien había dado todo de sí para satisfacer sus caprichos. Ella no tenía remedio, y todos lo sabían.

El día de la muerte de su madre por una enfermedad cardíaca que Sara no se molestó en aprender, fue lo suficientemente capaz de fingir tristeza y evitar las críticas de aquellos cercanos a su familia, que eran bastante pocos. A pesar de hacer caso a su hermana en lo que a su obsesión se refería, Jake tuvo que convertirse en el soporte de ambos y dejar de lado la vagancia en la que había permanecido hasta ese momento; sin embargo, no ganaba demasiado con los pocos trabajos que aceptaban a un joven de veinte años con un currículum tan reducido, lo que lo llevó a discutir repetidas veces con Sara para que ella también buscara un empleo.

La pequeña criatura sin brazos comenzó a moverse, había sido llamada "Destino", y no pensaba andar en beneficio de los humanos.

La situación no hacía más que empeorar con el paso del tiempo para ambos, y probablemente fue eso lo que ensombreció el aire despreocupado de Sara; aquella chica que en otros tiempos había sido completamente indiferente respecto del mundo exterior comenzó a preocuparse sobre qué iba a ser de su familia. Ocultó esos sentimientos con una sonrisa sarcástica, con una fría personalidad construida a base de mentiras, hasta que utilizó aquella pasión que sentía por los juegos como excusa para no tener que conversar sobre qué tenía planeado para el futuro. Jake se encontraba preocupado, pero decidió dejar a su hermana tranquila. Estaba convencido de que no debía molestar a la persona con quien había pasado tantos años juntos.

Comenzó a desarrollarse por cuenta propia, hasta que decidió que algo tenía que cambiar, para bien o para mal.

Desarrollo IEditar

Sara no era una chica acostumbrada a mostrarse enfrente de los demás, eso está claro, por lo que al salir a la calle sin ninguna justificación válida (Ya que según Jake, necesitaba encontrar al menos una oportunidad de trabajar, y eso no parecía importarle en lo absoluto) le resultaba más incómodo de lo que podía llegar a pensar. Al mirar por las vidrieras de las tiendas buscando algún cartel que indicara la necesidad de personal, se percató de su descuidado aspecto, y sintió por primera vez rechazo hacia sí misma. ¿Cuándo había pasado de ser una chica buena en los estudios, capaz de estar junto a los demás, a ese monstruo que se reflejaba en cada cristal que veía? Intentó alcanzar aquellas épocas dentro de su memoria, pero no lo consiguió.

Aquellos huevos de monstruo eclosionaron sin saber que iban a producir un gigantesco daño a una sola persona.

Sara pasó de largo de cada cartel que anunciaba la necesidad de personal con tal de volver a su casa con la falsa justificación de no haber encontrado ninguno; en lugar de prestar atención a algún horario favorable que no le quitara demasiado tiempo, sacó un valioso móvil de su bolsillo derecho para comprobar qué tan tarde era. No pudo evitar sentir nostalgia al ver en la memoria una serie de fotos de su hermoso cabello blanco cuando era más joven, y su hermano junto a ella. El sentimiento de inocencia que la invadió por un segundo, la sonrisa que se cruzó por su rostro, no permitieron que se diera cuenta cuando unas manos esqueléticas la sujetaron por el cuello.

(¿Un árbol hermoso que no rinde frutos?)

Durante las interminables horas que permaneció observando la nada misma dentro de su cabeza, no pudo evitar recordar su última visión antes de cerrar los ojos: las preciosas fotografías donde se reflejaba la felicidad que ella había sentido cuando era apenas una niña, que eran constantemente comparadas a la realidad que estaban viviendo. Su mente estaba tan perdida como su noción del tiempo y el espacio... ¿De verdad estaba siendo secuestrada? ¿O era sólo un sueño del que tarde o temprano se despertaría?

El dolor de cabeza que padecía mientras la venda en sus ojos le impedía ver era casi infernal, la mordaza hacía que sus mandíbulas se sintieran a punto de estallar, sus manos atadas haciendo un constante vaivén por el movimiento que "alguien" hacía al transportarla parecían haberse inflamado por lo apretadas que estaban las sogas. Parecía que estaba siendo llevada como solían hacerlo algunas tribus caníbales, atada en un poste y a punto de ser quemada a fuego lento para convertirse en un tierno pedazo de carne. No se molestó en moverse o en intentar liberarse, estaba muy consciente de que era imposible dada la forma en la que la habían aprisionado, por lo que se limitó a preguntarse por qué la habían escogido a ella para aquel secuestro sin sentido; le dio miles de vueltas al asunto antes de ser arrojada con fuerza hacia un suelo duro que parecía estar hecho de ladrillos.

Las ataduras fueron arrancadas con brutalidad. Su mordaza fue retirada y pudo sentir su boca moviéndose de nuevo con libertad, a pesar de que le ardía por las horas que había llevado en una misma posición. Sin embargo, aquel que la había tomado por la fuerza no parecía mostrar signos de querer quitarle también las vendas que le impedían ver. Sara intentó hacerlo por sí misma, pero era un nudo demasiado complicado para que pudiera hacerlo ella sola, así que acabó rindiéndose, y preguntó en voz alta:

-¿Quién eres?

Una voz espectral y cavernosa rodeó a Sara en menos de un segundo tras haber realizado la pregunta. 

-No debería importar quién soy, sino lo que tengo pensado hacer contigo. Escucha atentamente... ¿tienes idea de cuánto daño le has hecho al mundo antes de perder tu memoria, antes de olvidar lo que había pasado con aquel hombre llamado Herald Jerko[1]?

Sara, en su desesperación por saber exactamente dónde estaba y si alguna vez podría volver a su hogar junto a Jake, sintió un repentino ataque de dolor de cabeza: el solo escuchar el nombre de alguien llamado "Jerko" le hacía recordar por una fracción de segundo todo lo que había querido olvidar con el paso de los años, y que tras mucho tiempo, había conseguido. No permitiría que aquel ser le arrebatara la felicidad que mediante mentiras había logrado.

-Claro que no la tienes, por eso sigues siendo una simple humana. Bueno, supongo que no hay más remedio que explicarte exactamente lo que va a pasar: te voy a dar una pequeña muestra de una realidad que no conoces, el infierno en el que moran todos los recuerdos y personas que deseabas que desaparecieran. Haré que sientas el verdadero deseo de morir.

(Eres realmente incorregible.)

No tuvo la oportunidad de volver a preguntar al ente desconocido acerca de su situación, pues la sensación de estar flotando en un vacío donde ni siquiera existía el oxígeno la invadió, las sogas que pocos minutos antes habían sido extraídas volvieron a ella, y le impidieron toda posibilidad de salvación. El sentimiento perduró por al menos quince minutos en los que sólo quería escapar de aquel ahogamiento que parecía no terminar jamás, o al menos, hasta que volvió a caer abruptamente en un suelo hecho de piedra, pero mojado por algo que parecía ser aceite.

Sus extremidades fueron liberadas, su visión volvió a ella acompañada por un panorama deprimente: un callejón sin salida cuyas inmensas paredes estaban hechas de frágil madera, o más bien, las paredes eran una serie de vallas a punto de romperse debido al peso de la multitud que se hallaba tras de ellas; decenas de personas introducían sus brazos en las inmensas rendijas que los tablones dejaban entre sí con tal de alcanzar el cuerpo de Sara, como si de animales se tratara. Ella, horrorizada, se echó para atrás con tal de huir de las miradas deseosas de aquellas bestias, pero sólo conseguía encontrarse con otra pared de brazos humanos.

(¿Humanos de verdad? ¿No lo estarás imaginando todo?)

Con cada pestañeo, las fauces abiertas y babeantes de esas personas se acercaban más a su cara y la cubrían de un hedor a podredumbre que no parecía humano; sus garras se alzaban ansiosas de sostener su piel tierna y blanca; sus ojos se encontraban invadidos por una fiereza que sólo podía ser visible por otras bestias similares a ellas. Cuando por fin se sintió hundida en la desesperación y asumió que, tarde o temprano, "ellos" iban a atravesar las barreras que los separaban, logró encontrar la salida: una escalera oxidada cuyas posibilidades de romperse aumentaban con la lluvia grasosa que caía sobre ella. Por lo que podía ver, conducía a una serie de tejados conectados por finas tablas que representaban la única salida.

Sin temor a la sorprendente altura en la que se encontraban los balcones enrejados que le permitirían escapar, hizo lo posible por escalar una montaña de cajas sobre un camión y acceder a la ruinosa escalera. Tras mirar abajo, se dio cuenta de su situación: una horda de humanos sedientos de sangre alzaban los brazos para sujetar sus piernas y tirarla al suelo, con intenciones poco claras. Sin embargo, sus pies fueron mucho más rápidos que los torpes brazos de aquellos monstruos, y consiguió estar sobre el tejado antes de lo que esperaba: frente a ella, sentado sobre una tubería que posiblemente era una chimenea, había un hombre de mediana edad ricamente vestido, observando el cielo.

-¿Ya estás aquí? Eres muy afortunada, no muchos habrían tenido en cuenta aquella escalera como una escapatoria; eres, al menos, un tercio de lo inteligente que esperaba que fueras -su voz, complaciente a pesar de estar cargada de desprecio, era exactamente la misma que había escuchado minutos antes.

-No entiendo qué esperas de mí, ni para lo que me trajiste aquí. Dime quién eres -respondió Sara, con un aura amenazadora que indicaba lo molesta que se hallaba. No tenía miedo, pero sus piernas no dejaban de temblar.

-No esperaba que comprendieras mis motivos; al fin y al cabo, eres un simple peón dentro de este gigantesco tablero de ajedrez; solías ser perspicaz, pero ahora eres aún peor que aquel novato[2]. En fin, ¿se te hace conocida esta pequeña ciudad?

-Es Morg City[3].

-¡Exactamente! Me tomé la molestia de replicar el escenario de Morg City porque creo que será idóneo para esta ocasión; bueno, verás, conoces perfectamente la historia de este sitio: cuatro pecadores, una ciudad llena de monstruos caníbales, cliché. Estás aquí por el mismo motivo.

-¿A qué te refieres? ¿Qué podría haber hecho yo para terminar en tu "juego"?

-No finjas que no lo sabes, Sara, sólo hace falta meterse un segundo en tu cabeza para conocer la razón.

Sara pudo ver millones de escenas pasando por su cabeza con su madre como la protagonista, siendo golpeada brutalmente por su hija sin una justificación creíble, siendo agredida por la persona quien recibió todo su amor. No sintió arrepentimiento alguno, pero se dio cuenta muy tarde de que fueron esas acciones las que la habían llevado hasta allí. El señor de cabello canoso la observaba con cara de satisfacción; dio una vuelta en torno a Sara mientras ella se sacudía por los enfermizos flashbacks que le hacía pasar, examinando sus reacciones de cerca.

-Supongo que lo has entendido. No importa si tú tienes sentimientos encontrados o de repente sientes lástima por tu progenitora, yo estoy aquí porque soy la personificación del blanco y negro; yo sé lo que está bien y lo que está mal, y no se me puede negar. Vas a pagar por todo lo que has hecho.

Luego de su enigmática frase final, la figura de por sí distorsionada del anciano comenzó a desaparecer en las sombras sin que la shockeada Sara pudiera hacer algo para detenerlo; su cabeza comenzaba a dar vueltas, no sabía hasta qué punto peligraba su vida dentro de ese juego y si alguna vez podría salir de él, patadas por aquí, cabezazos por allá, todos con el fin de acabar con el dolor que la estaba matando por dentro, sin recompensa alguna.

Ni el febril estado en el que se habían sumergido ni sus dudas ocasionales sobre lo que podría haber sucedido desaparecieron sin dar batalla, pero luego de sentir el mismo infierno dentro de su propia mente, el pequeño puntazo que tenía ya no significaba nada. Vagó durante unos minutos en el laberinto de terrazas y balcones que la separaba de la cruda realidad de las calles, donde se estaba formando una auténtica revolución de monstruos. Sin embargo, poco después de haber rozado el frío acero de la barandilla del balcón por el que había subido y comprobar que no había salida a aquella situación, no pudo hacer más que resignarse y bajar, armada con un enorme pedazo de piedra que se había desprendido del suelo.

La masacre duró tanto como las indescriptibles batallas que había librado previamente en mundos bidimensionales, pero en aquella ocasión no estaba en presencia de personajes enemigos cuya inteligencia era predecible y en un escenario donde tendría la posibilidad de vivir nuevamente; allí, se decidía si sería devorada por una horda de monstruos caníbales. A sabiendas de esto, cortó, desgarró y trituró cada pieza de los cuerpos de aquellas bestias con el pensamiento obstruido por una nueva sensación, que le reconfortaba más que sólo poder observar las acciones de otro personaje detrás de una pantalla. Su pasión no pudo ser frenada hasta que no hubo caído el último de los individuos que pretendían profanarla con sus mandíbulas, pero la emoción tardó mucho más en desvanecerse, junto con la claustrofobia que los callejones débilmente iluminados de la ciudad con su gótico estilo. La visión de los edificios bañados en sangre se esfumó, mientras Sara, sosteniendo en sus manos un pequeño revólver a medio cargar, se desmayó.

El tiempo que estuvo sumida en un sueño enfermizo y posiblemente incitado por alguna clase de narcótico fue el suficiente para percatarse de que la experiencia vivida era sólo el comienzo de algo mucho mayor, y que todo estaba a punto de cambiar; no se necesitaba ser un genio para saber que un encuentro casual con alguien que podía decidir el destino era imposible, y algo más oscuro se escondía detrás de aquellos sucesos. Sin embargo, tras escuchar un rastro de voces que le indicaba el camino de vuelta a la realidad, sólo pudo pensar que olvidaría todo lo que había pasado tras despertar, y resignarse ante lo inevitable.

(Aquello que tardaste tanto en cultivar va a perecer.)

-Así que por fin decidiste despertar, ¿no es así, querida Sara? -dijo una voz complaciente, que aguardaba en la oscuridad a la apertura de los ojos de la muchacha, mientras permanecía sosteniendo su mano con calidez. A pesar de que ella ya se encontraba consciente, no se sentía capaz de mirar a la persona que había estado velando por ella mientras se encontraba divirtiéndose como una niña pequeña en una ciudad que ni siquiera existía[4].

En el fondo de su corazón, realmente estaba esperando ver a su hermano, a su querido hermano, pero... ¿y si la voz joven que se encontraba más allá del negro de sus párpados no era él? Naturalmente, ella no sabía cómo tolerar a la gente a su alrededor, incluyendo a sus contados "amigos".

(Sólo quieres verlo a él, inmunda hermana incestuosa.)

Una pequeña chispa se encendió dentro de su cabeza, y abrió los ojos con pesadumbre, fingiendo estar cansada, mientras se desperezaba con lentitud; su visión seguía nublada, pero pudo percibir una figura masculina y juvenil, que hizo a su corazón saltar de alegría. Cada parte de su cuerpo había asumido el deber de abrazar a Jake una vez se hubiera recuperado, y su mente se llenaba con cada centésima de segundo con su imagen. Sin embargo, lo que encontró al centrar la vista fue un muchacho cuya edad no superaba los veinte años, de cabello plateado y ojos seductores.

La primera reacción de Sara fue arquear un poco las cejas, pero sólo fue por un momento, ya que se había preparado para gritar. ¿Quién era aquel chico que le había estado acompañando durante todo su sueño? Su mirada era extremadamente amable, hasta el punto de enfermar a la chica, y sus rasgos eran asiáticos; poseía facciones delicadas, parecía un muñeco sacado de una telenovela de bajo presupuesto, con una elegancia casi artificial. Él la tomó nuevamente de las manos, y le susurró al oído algo que no pudo oír, antes de que su figura se distorsionara y se confundiera con el negro de la oscuridad que invadía la habitación.

-¿Quién eres tú? -susurró Sara, con desprecio.

La noche le respondió entibiando su estado de alerta, y dotándola con el suficiente sueño para hacer que volviera a acostarse.

Desarrollo IIEditar

Durante un tiempo casi infinito, Sara se dedicó a buscar a aquellos que la secuestraron. Día y noche, se paseaba jugando con su celular por la ciudad; no quería que volviera a suceder un robo, pero no podía dejar solos a sus preciados juegos , y era la manera más eficiente de encontrar a los ladrones.

-Vaya... qué aburrido.

La voz de Sara era la única allí presente, entre todas las almas que por allí pasaban (que no eran muchas) ya que nadie se atrevía a hablar. Había algo raro. Ya la presencia de Sara fuera de su habitación era extraña, la noche demasiado silenciosa y ¿qué faltaba?

Faltaban esos cinco, silenciados por Sara. O al menos, eso deseaba hacer ella. Morderles el cuello mientras escuchaba sus gritos, todo en un siniestro y alargado juego; pues para la chica, en ese entonces era lo mismo que antes le había dicho uno de ellos: "Es sólo un juego".

Era ya muy tarde cuando Sara se dispuso a volver a casa, no podía aguantarlo más, los juegos de la PSP entretenían un rato pero no se comparaban a los MMO que acostumbraba jugar. La calle estaba solitaria y silenciosa, y el ambiente le recordó las épocas cuando era una niña y temía quedarse sola en la oscuridad.

Pasó al lado de un restaurante chino. Un cocinero y su perro, un hermoso pastor alemán, estaban cerrando el local. Sara se sintió más segura al saber que no estaba completamente sola... sin embargo, había algo extraño con el cocinero: parecía asustado y nervioso, como si hubiese visto un fantasma; sus pasos se aceleraron al igual que su respiración, y a la vuelta de una esquina se vio un muchacho salir y se acercó hacia el cocinero sólo para rajarle la garganta con una pequeña navaja, del mismo lugar salieron otros cinco jóvenes. Estos comenzaron a saquear el cadáver y uno de ellos le dio una patada al perro.

Sara quiso huir, pero reconoció el tatuaje de uno de ellos. Efectivamente, eran los mismos ladrones que la secuestraron. Sara sintió rabia al ver como pateaban al perro del mismo modo que la patearon a ella, estaba dispuesta a morir si era necesario; pero no dejaría que ellos siguieran haciendo lo que quisieran.

Los chicos dejaron de patear al perro cuando creyeron que estaba muerto, realmente no había mucho que robarle al cocinero, por lo que se metieron al restaurante, buscado cualquier cosa que fuera de valor; llegó un punto en el que encontraron alcohol y comenzaron a beberlo a grandes tragos. Después de dos o tres botellas éstos estaban completamente borrachos y de un momento a otro estaban destruyendo el local: tirando sillas, rompiendo ventanas, etc.

Sara logró colarse sigilosamente por la puerta trasera, la cual llevaba directamente a la cocina. Una vez allí, tomó un cuchillo para puerco y otro para pescado; se acercó a uno de los chicos borrachos que se encontraba tirado en el suelo, inconsciente por los efectos del alcohol. Sara le tapó la boca por si acaso, y también la suya por el olor asqueroso del alcohol, y en un movimiento firme y elegante le hizo un corte en el cuello. La sangre comenzó a brotar y cada gota le daba satisfacción... sintió emoción y un perverso placer.

Todavía quedaban otros cinco y Sara consideró la situación como una misión. El ladrón mas cercano estaba a un metro de ella y no podía acercarse sin que la vieran, así que tomo una decisión arriesgada...

Los ladrones sólo oyeron el ruido de la caída de su compañero. Cuando se acercaron a revisar se encontraron con su cadáver y un cuchillo en la parte superior de su cabeza; Sara no pudo evitar pensar en un headshot perfecto.

Los chicos restantes estaban nerviosos. ¿Quién tendría tal habilidad con un cuchillo? Sus nervios se convirtieron en miedo al oír un: "¡Chicos! ¡Encontré otro!".

Sara se estaba quedando con ellos,se encontraban jugando al gato y al ratón, a la muchacha le resultaba divertido ver cómo tropezaban unos con otros buscando al responsable. Gracias al reflejo de su cuchillo, parecido al de un espejo, vio a uno de los delincuentes que se acercaba a su escondite; éste se dio la vuelta para vigilar que nadie lo siguiera, y Sara aprovechó el momento para agarrarlo por la espalda y atravesar dolorosamente su corazón.

Uno de los ladrones llevaba consigo un arma de fuego, éste se acerco a la cocina, donde estaba su compañero. Ambos se acercaron a la puerta a una velocidad que asustó a ambos, causando así que uno de ellos le disparase al otro; Sara rio al ver esto. El ultimo ladrón la escucho y se acercaron, pero pronto llegaron patrullas y rodearon el edificio, la asesina aprovecho la tensión para salir por la ventana del baño.

Sara había estado caminando por tres horas buscando un lugar donde pasar la noche. Su ropa estaba sudada y manchada de la sangre de sus víctimas. Lo único que la mantenía de pie era la excitación de haber arrebatado vidas ajenas; no sentía ningun remordimiento, ya que después de todo eran basura de la sociedad y... le pareció similar a cualquier juego de género shooter.

Antes de darse cuenta, había recorrido toda la carretera que conectaba su ciudad con la de Tim. Sin tener otra opción, ella decidió ir a su casa, pues los padres de su amigo estaban de viaje.

CrecimientoEditar

Vaya... la casa de Tim era enorme. Parecía casi una mansión; lo único que la distinguía de una era el diseño rústico, viejo, pero bello. Sara tocó la puerta y se dio cuenta del crujido que ésta emitió al hacerlo. Sin duda debería tener cuidado con las cosas que tocaba: todo se podía derrumbar en cualquier momento. Tim le atendió rápidamente, y se sorprendió de ver a su mejor amiga ensangrentada, sudada y sucia. Con algo de nerviosismo, la invitó a pasar.

Ya en el vestíbulo, el ambiente se sentía más cálido. Lo primero que hizo Sara fue preguntarle a Tim dónde podía cambiarse de ropa; él respondió que encontraría mudas de ropa en la habitación de su hermana mayor. Ahí se dirigió la joven. Abrió dudosa el armario de la hermana, y tomó un par de mallas viejas, una falda roja brillante y zapatillas rosas. Una vez terminó de cambiarse, se miró al espejo: lucía como una gamer de verdad, vestida de manera tan extravagante. Improvisadamente agarró una camiseta blanca y se quitó la sudadera y su camiseta; las puntas azules de su pelo negro resaltaban en el color blanco.

Metió su ropa en la lavadora, y se sentó en la sala de estar para descansar un tiempo. Tim se le unió enseguida, y miró ya más tranquilo a Sara.

-Amiga, ¿dónde has estado?

-Tim, de verdad no deseo hablar sobre eso. No te resultaría agradable.

El chico miró fijamente, con el ceño fruncido, a Sara.

-Sabes que puedes contarme lo que sea. Te acompaño en todo.

Sara recordó el placer demoníaco que sintió al contemplar los cadáveres echados en el suelo del restaurante, y se mordió el labio para no saltar riendo. Sus dedos se movían inquietos y las piernas le temblaban. Cómo había disfrutado el verlos así, no podía expresarlo... decidió contarle absolutamente todo a Tim, cuidando sus palabras en una ruda autocensura.

-Yo... maté gente. Precisamente, a los cinco ladrones que me secuestraron hace semanas.

Tim se notó alarmado.

-Los últimos días estuve vagando por las calles en su búsqueda, a la medianoche. Sin ningún resultado, ya me disponía a volver a casa cuando de repente esos chicos aparecieron frente a un restaurante chino; asesinaron al cocinero que llevaba consigo a un perro, para cerrar el local. Durante un momento pensé en irme, pero me quedé mientras ellos estaban borrachos dentro del negocio para matarlos.

Su amigo escuchaba atentamente su relato.

-Poco a poco, fui arrebatándoles las vidas. Los pocos que quedaron, se los llevó la policía.

-E imagino que lo hiciste pensando bien en tu seguridad, ¿no?

Sara se sorprendió por la reacción de Tim, aunque éste le hizo un gesto con la mano indicándole que no hablara.

-Sara, no soportaría quedarme sin mi mejor amiga. Sólo te pido que si vuelves a cometer actos así de peligrosos, reconsideres varias veces si terminarás indemne. Además...

Un ladrido y un llanto se escucharon del otro lado de la puerta de entrada. Tim se dirigió a abrirla: allí había un perro, un precioso pastor alemán bastante malherido; Sara miró estupefacta al canino. Era el mismo que hace poco había "muerto" frente al restaurante chino. Lloraba sin parar, aunque al ver a la joven le saltó de alegría encima.

-Guau, chico, tranquilo.

Le lamió la cara agradecido, y se bajó solamente para levantar su pata izquierda como un saludo. Sara le devolvió el saludo, y le dio unas caricias a las que el animal respondió restregándose la cabeza en su mano. Tim se notaba asqueado: la apariencia horrorosa del perro le daba miedo.

Sara lo fulminó con la mirada.

-¡¿No ves por lo que ha pasado?!

Entonces observó directamente la cara del animal, la tomó entre sus manos y conectó sus ojos.

-Pobre chico. 

Tim se queóo a un lado mirando a la chica y al perro, en ese momento sólo pensaba en un modo de compensar su error. 

"Lo arruiné", se repetía una y otra vez; Tim siempre había pensado que Sara era realmente linda, en todas sus partidas le cubría la espalda aunque no lo necesitara. Sin darse cuenta había desarrollado sentimientos por ella. 

-Necesita ayuda... Tim, tu mamá es veterinaria, ¿cierto?

-Lo es, pero no sirve de nada porque yo no soy veterinario. 

-Pero sabes dónde trabaja.

Después de indicarle la dirección de donde actualmente trabajaba su madre temporalmente, en otra ciudad, Sara se dio cuenta de que quedaba demasiado lejos como para salvarlo allí. Decidió buscar por Internet si existía alguna veterinaria en la ciudad: encontró una, a diez kilómetros de distancia. Sería un viaje largo.

Tomaron el primer taxi que se les cruzó en la avenida. Abordaron rápidamente el vehículo, llevando al perro con ellos en el asiento de atrás; éste gemía del dolor. Las calles estaban hasta el tope de automóviles, rebosando de conductores frustrados por la demora. No podrían pasar por allí, así que tomaron una ruta alterna cruzando los callejones más oscuros del lugar. Con pocas luces, atravesaron en un tiempo extremadamente corto el asfalto constantemente destruido.

"¡Maldita sea!", fue la primera cosa en la que pensó Sara al ver la veterinaria cerrada; las siguientes 3 horas se las pasaron merodeando en busca de un veterinario, pero sus esfuerzos fueron inútiles. La chaqueta de Sara estaba manchada con la sangre del perro, y la noche se inundó de los aullidos del canino. Pronto, volvieron a la casa de Tim.

En un punto de la noche, el perro perdió energía y Sara rompió en llanto, cayendo de rodillas.

-Sara... no hay nada qué hacer...

-¡No...!

-Escucha... perdio mucha sangre...

-N-no... no digas eso... por favor... tiene que vivir...

-Sara... lo lamento, pero tienes que admitirlo... lo perdimos...

-No... solo...

El gemido del perro comenzó a caer, Tim puso su mano sobre el hombro de Sara y juntos presenciaron como la vida del animal se escapaba de sus ojos...

CrisálidaEditar

Sara sentía un odio profundo hacia los chicos que asesinaron al perro, tenía ya la satisfacción de haber matado a cinco, pero aún quedaba uno. Probablemente lo habían arrestado, pero no podía permitirse pensar en un final en el que basuras como él queden con vida.

Alguien tocó la puerta: era Jake.

-Sara... quiero hablar contigo...

-¿Qué quieres, Jake?

-Bueno... estoy preocupado... te has estado ausentando mucho... ya no juegas tanto como antes... y estás muy callada...

Sara notó que Jake hablaba con cierto miedo y preocupación.

-Lo siento, Jake, yo he estado viendo a un amigo, eso es todo...

-Por mí no hay problema, pero asegúrate de no preocuparme tanto...

Sara apartó la mirada de su hermano, que se retiró dudoso de la habitación. Se quedó mirando la pantalla cuyos colores podrían causarle epilepsia a cualquiera, pero que a ella no le afectaban; el arcoiris que permanentemente inundaba su monitor no era nada del otro mundo. Sin embargo eran algo molesto para aquellas vistas que no acostumbraban ver.

Así se quedó pensando, jugando como un autómata sin prestar atención, aunque sin perder ni una vez; acariciaba rápido las teclas para luego pasar a otras necesarias para avanzar en el juego. A pesar de restarle importancia a sus amados videojuegos últimamente, su habilidad para ellos no había cambiado. Buceaba dentro de la web y los confines del internet con tal de encontrar, además de al último secuestrador vivo, maneras más crueles y sangrientas de segar su vida.

Se pasaron varias horas desde la breve "conversación" con Jake, sin cambios. Se encontraba jugando un shooter cuando percibió un aroma exquisito, bajó lentamente las escaleras para encontrar a Jake comiendo unos huevos estrellados con tocino. Sara se acercó a la mesa y se sirvió un poco, cosa que sorprendió a Jake.

Pasadas dos horas, Sara le dio las buenas noches a Jake, esto levantó sospechas en él, pues su hermana no era de bajar a cenar, y mucho menos de dormir temprano; pero había sido un largo día y Jake necesitaba descansar...

Sara había calculado que eran entre las 03:00 y 04:00, lo primero que hizo fue tomar su celular para comprobar la hora, y luego fue al cuarto de Jake para comprobar que estuviera dormido.

Bien. El hecho de que estuviera roncando era ideal; con el tiempo que tenía antes de que despertara sería suficiente para que pudiera asesinar al criminal, ya encontrado en una casa abandonada junto al parque. Sí... Jake nunca se enteraría... No era probable...

Entonces, lo más despacio que pudo, se dirigió a su cama y le alborotó el cabello.

-Lo siento, hermano... no soy una chica buena... espero que nunca te enteres de lo que voy a hacer...

El chico esbozó una sonrisa entre sueños, ante las caricias de su hermana. Ella sonrió ligeramente, y una lágrima se le escapó entre el ojo.

-No creo que pueda volver aquí, nunca más...

Se contuvo para no gritar, y abrió lentamente la ventana para salir sin hacer ruido; ya afuera, tomó el machete que había comprado días atrás. Brillaba, y Sara se lo pasó por la lengua provocando que manara de ella un hilito de sangre.

Encontraría al secuestrador...

Lo halló contemplando la vidriera de una relojería, con una mano en el bolsillo donde claramente había un arma. Se cubrió la cara con la máscara que dentro de la sudadera había llevado: era bastante básica, negra con líneas rojas simulando bigotes de gato y una sonrisa y ojos blancos. Sara se acercó hacia él y le dijo:

-Hey, amigo, ¿estás aburrido?

-Algo, pero creo que podrías acompañarme a quitarle su mercancía a ese tipo.

-¿Por qué no? Acepto. ¡Vamos, que necesito un reloj nuevo y algo de dinero!

Rompieron el delgado vidrio que componía la puerta y vaciaron el local de gente, apuntando con machete y pistola. Aterrada por la repentina aparición de dos criminales, la multitud dispuesta a comprar alguno de los valiosos objetos que allí se exponían huyó despavorida.

Tras tomar y guardar en una bolsa todos los relojes que habían robado, ambos ladrones escaparon antes de que la policía llegara con su inútil ayuda.

Ya bien ocultos en un callejón a varias cuadras de distancia, se detuvieron a descansar.

-¡Uff! Hoy llegaron antes de lo esperado, los polis. Pero bueno, amiga mía, creo que sería increíble asaltar algún otro lugar en la ciudad.

-No sería prudente. Probablemente los policías se queden vigilando luego de este suceso; si intentáramos robar otro sitio, llegarían antes de que pudiésemos mover un dedo.

-Cierto... pero es que... ¡Estoy lleno de energía!

-¿Y por qué no la descargas? Ven, vamos a algún motel cercano.

A la mañana siguiente...

Sara se vistió rápidamente y contempló su obra: un hombre perfectamente emsartado en la pared junto a la cama con un machete. No pudo evitar sonreír, y salió del local pegando saltos; se detuvo a dejar el dinero por la noche en la recepción, mientras escuchaba el grito de una de las chicas de limpieza al descubrir el cadáver.

Aprovechó lo que consideró "una noche de triunfo y fiesta" y se dirigió a un bar para comprarse una botella de alcohol; a pesar de que era menor de edad y se negaron al principio de darle el producto, tras considerar la inmensa suma de dinero que la joven ofrecía accedieron a entregarle la botella.

Así, con algo de dolor de cabeza, pasó un tiempo sin que se diera cuenta de qué hacía hasta que se le acabó la bebida, y la estrelló contra el suelo.

Miró hacia un costado: se hallaba en una enorme mansión, hermosa, y dentro las luces estaban encendidas...

-Pues... nuevas presas.

Tambaleándose, atravesó tras una caída y otra la distancia entre la casa y el jardín; una vez llegó, se apoyó en una pared y observó por la ventana: una familia se hallaba viendo la televisión pacíficamente, sin enterarse de lo que les aguardaba.

De un puñetazo, destruyó el fino vidrio que los separaba. Los pobres habitantes, fueron a esconderse a la habitación con...

-Glitchgamer.

Siguiéndolos, blandiendo su machete ensangrentado; el joven no pudo hallarlo, mas los padres se escondieron en un lugar demasiado obvio: debajo de la cama. Demasiado rápido, Sara... no, Glitchgamer, los encontró aterrados y dio vuelta la cama, arrojándola contra la pared.

-Lo lamento, señor y señora...

Antes de poder bajar el arma, tres disparos certeros atravesaron su corazón.

-¡¿Qué te esperabas del hijo de un maldito narcotraficante, eh?! ¡¿Que no supiera defenderme?!

Sin palabras, ella cayó el suelo viendo con su último aliento cómo la familia escapaba por la ventana. Ahora, sí estaba sola, moriría sola, sin nadie a su lado.

Miró al techo respirando dificultosamente, y pensó en dónde se hallaba: una preciosa habitación enorme, que costaría más dinero del que podía imaginarse.

-Je... es un buen lugar solitario para morir...

EclosiónEditar

El niño, fue a insertar la ficha en la máquina de juegos, emocionado. Por fin, después de tanto tiempo, iba a jugar de nuevo a aquellos flippers para divertirse en mundos ficticios; estaba ansioso de introducir su imaginación en historias de lucha, de aventura, etc.

Sin embargo, apenas empezó a jugar notó la pantalla algo rara, distorsionada. A pesar de esto, siguió disfrutando de la animación, hasta que le tocó morir de forma repentina.

Vio la típica pantalla de "GAME OVER" y debajo, el "PLAY AGAIN". Apresurado, metió otra ficha en la ranura; al hacerlo, lentamente la pantalla se apagó. De la misma manera, comenzó a encenderse y volverse blanca.

-¿Eh?

Customizar personaje

Ese mensaje veía Glitch, mientras resposaba en un universo de datos y códigos: atemorizada extendió la mano, y pulsó las letras como si fuera un botón. Rápidamente la absorbió, y la llevó a un lugar desconocido para ella.

¿Qué era lo que sus ojos contemplaban? Un universo de juegos, pero no de alguno que conociera; veía diferentes vestuarios: uno le llamó especialmente la atención, y era la misma ropa con la que había muerto. Con una sonrisa, decidió elegirla y hacer sus modificaciones. Añadió la cara de un "Creeper" a sus guantes, alteró sus ojos para que sean blancos y negros como casillas de ajedrez.

Elige tus armas

Contempló maravillada la extensa variedad de armas que estaban a su disposición, todas aguardando a que ella las utilizara. Se decidió por una ametralladora AK-47, su machete y un enorme perro Doberman, el cual estaba ensangrentado.

¿Comenzar partida?

Estaba agradecida, por el hecho de que le hubieran otorgado una segunda oportunidad. "Nadó" hacia aquella opción, y la pulsó mientras su vista se volvía borrosa.

El pequeño sólo pudo ver cómo del interior de la pantalla surgía una figura femenina, empuñando un machete ensangrentado, que le amenazó con la mirada. Intentó salir corriendo, pero una mano helada le tomó por el cuello y lo lanzó hacia atrás, mientras el arma blanca de la mujer acababa con su vida.

-Menuda muerte más agradable.

Glitch sonrió satisfecha, respiró hondo aunque sabía que ya no lo necesitaba. Miró a su alrededor y vio que se hallaban todos paralizados, con temor a mover un solo dedo frente a ella; caminó entre la gente que la rodeaba y abrió de una patada la puerta, llevándola al exterior.

Por la cantidad y altura de los edificios, era evidente que estaba en el centro.

Se escondió detrás de uno abandonado, que por su cartel de letras borrosas parecía haber sido un orfanato, y se apoyó en una pared repleta de musgo y enredaderas. Se sentía intranquila... ¿Por qué seguía viva? ¿Por qué le habían dado una segunda oportunidad?

Se llevó la mano al pecho, dándose cuenta de que ningún latido se oía, y que su piel estaba helada.

-Así que sí estoy muerta...

Se alegró en parte. No debía preocuparse por las enfermedades, por el tiempo que llevaba viva, porque la atravesaran con un arma incluso; era inmortal en todos los sentidos.

Mientras buscaba su machete en su cintura, no pudo evitar notar a un hombre que pasaba por aquel callejón, vestido con exquisitas prendas.

-¿Qué hace alguien así por aquí...?

Se detuvo a observarlo antes de tomar la hoja y acercarse sigilosamente. Preparada para asesinarlo, se notaba confiada y sin ninguna duda; de todos modos aquel tipo ya no podía evitar su inminente muerte, a manos de Glitch.

-Te sugiero que ni te me acerques, Sara.

-¿Eh? ¿Cómo sabes mi nombre?

-Sé casi todo sobre ti. Y te sugiero que te vayas largando para la casa de tu hermano, que seguramente te estará esperando; no querrás dejarlo decepcionado.

-Me importa poco y nada lo que me digas. No me importa él.

-Noto el miedo que me tienes. Tranquila. No te haré daño, pero ya en serio tienes un destino que cumplir; yo por mi parte, debo ir a visitar a alguien llamado Anbernatt...

-¿Anbernatt?

El desconocido no se molestó en responder, y siguió caminando con su cabello blanco y negro ondeando por el viento. Echó una última mirada hacia atrás, dejando ver marcas rojas y divertidos ojos grises, y prosiguió tranquilamente.

-Menudo tipo más extraño...

Haciendo un poco de caso a lo que él había recomendado, Sara aún confundida, enfiló hacia su antigua casa pensando en la pequeña "reunión" con su hermano. No deseaba matarlo pero... las ansias eran casi incontenibles y su apetito de sangre, enorme.

Por más que sus instintos exigían que le ofreciera su defunción a su hermano, ella logró superarlo y con una sonrisa inocente tocó la puerta.

La voz del muchacho preocupado se oía desde el pasillo posterior a la entrada: lo había despertado, se lo escuchaba bostezando y susurrando cosas incomprensibles. Nuevamente tuvo un asalto de locura, pero era diferente; se golpeó en la frente para olvidarlo, y se repitió.

-No puedo... es... mi hermano...

Notó que Jake había llegado, y se escuchó:

-¿Quién es...?

-Sara.

-¡¿Sara?!

Se abrió rápidamente, y pudo contemplar la cara de asombro y felicidad de su hermano.

-¡Regresaste! ¡¿Dónde habías ido?! ¡¿Principalmente, por qué te fuiste?!

-Me fui a la casa de Tim...

-¡Hubieras avisado, idiota!

Jake le dio un golpe suave en la cabeza, lo cual sólo hizo que esa sensación aumentara más. Sus ganas de despedazarlo eran inmensas: torturarlo lentamente mientras él gritaba agonizante y suplicando piedad entre llantos...

-Bueno, quería irme sin molestarte a medianoche.

-No es razón suficiente, Sara, aunque ya no importa. Al menos estás bien, eh... ¿Cómo está Tim?

-Bien, bastante bien. No creo que importara tanto haberme ido, de todos modos en esta casa soy solo un estorbo.

-¡No lo eres! Yo te quiero, eres mi hermana y me dolería muchísimo que te fueras. No vuelvas a asustarme así.

-¡Tengo razón! ¡Deja de hacerte el listo!

Lo empujó hacia atrás, violentamente, sin recordar el escalón que daba lugar al pasillo. Jake tropezó y antes de poder reaccionar, su cráneo se partió al impacto contra el escalón.

-No... no... ¡Jake!

Sara corrió hacia él para ayudarlo, pero ya era tarde: la sangre manaba a chorros de la herida y su hermano no reaccionaba. Había muerto. La joven lloró con todas sus fuerzas y recordó su sonrisa con un sufrimiento insoportable.

Se secó las lágrimas luego de bastante rato, y recorrió la casa una vez más, antes de tomar un papel de la cocina y un bolígrafo. En la hoja escribió una nota rápida para su amigo Bell.

La dejó bajo su puerta al día siguiente, y se marchó hacia algún lugar que desconocía.

ReferenciasEditar

  1. Basado en Akihiro Kanou o simplemente Dr. Kanou de Tokyo Ghoul
  2. Chessmaster
  3. Es la ciudad donde se ubica el mapa Shadows of Evil de Call of Duty: Black Ops 3 Zombies.
  4. Se refiere de nuevo a Morg City, para los que no entendieron.

Autores: Ryuu y Slepp